El alfabeto sagrado. Entrevista a Gemma Nieto

EL ALFABETO SAGRADO
Gemma Nieto.
Temas de Hoy.
Madrid, 2009. Cartoné. 544 págs.
 21 €.

Gemma Nieto: “Dios no hizo, Dios dijo: ‘¡Hágase la luz!’. Y la luz se hizo”

Con el don de la palabra se pueden iniciar guerras, ganar elecciones… Es tan poderosa que muchos textos han sido destruidos. Tomando este don como base de la trama de su obra, El alfabeto sagrado (Temas de Hoy), Gemma Nieto nos introduce en la desconocida cultura de los mandeos, una minoría religiosa que sobrevive a duras penas entre Irán e Irak y cuyos dogmas de fe ponen en tela de juicio la mismísima divinidad de Jesús de Nazaret.

Gemma, los mandeos son una minoría religiosa muy desconocida. Explíquenos su origen y quiénes son.
Los mandeos constituyen un grupo religioso gnóstico, el único que ha sobrevivido tras más de 2.000 años de persecuciones. Según su mitología, proceden del Antiguo Egipto y llegaron a Jerusalén en la época en la que su profeta, Juan el Bautista, vivía allí. A su muerte se vieron obligados a deambular por todo Oriente Medio hasta alcanzar las tierras bañadas por el Eúfrates y el Tigris, donde aun hoy continúan siendo masacrados.

¿Qué le llevó a hacer que la trama de su novela girara en torno a su alfabeto?
Los sonidos. Siempre me ha fascinado su poder. Multitud de culturas creen que a través de los sonidos es posible alterar los estados de conciencia y modificar la materia. Actualmente hay estudios científicos que lo demuestran. Aquello me maravillaba y, cuando supe que el alfabeto mandeo constituía una especie de catalizador de ese poder, no dudé en utilizarlo.

¿Cuáles son las características másextraordinarias del abagada?
Para los mandeos, su alfabeto, el abagada, es mágico y sagrado. Cada letra tiene un poder. Por ejemplo, la “a”, que es a la vez la primera y la última letra de su alfabeto, significa luz, es la perfección. Ellos creen que su alfabeto puede utilizarse para solucionar problemas de la vida diaria y disponen de métodos para conseguirlo, métodos que cuento en la novela.

Los mandeos han sido perseguidos durante siglos y considerados una especie de parias en el ámbito religioso. ¿Puede explicarnos algunos de los motivos dogmáticos que han llevado a esta injusta persecución?
Para los cristianos de principios de nuestra era, los mandeos conformaban una religión gnóstica más y su visión de Jesús como un “mentiroso y embaucador” que tergiversó las enseñanzas de su profeta, Juan el Bautista, hacían necesaria su eliminación. Unos siglos más tarde, los musulmanes consideraron que no eran una religión de las 3 o 4 que el Corán permitía, con lo cual también se les persiguió como impíos. Sin embargo, los mandeos nunca han busca adeptos porque solo se puede ser mandeo si naces de padre y madre mandeos. Además, nunca han buscado ni el poder ni la posesión de tierras, nunca han dispuesto de una nación, por lo que no suponían ni un peligro ni eran rivales para otras religiones. Los motivos reales de su persecución y de las masacres que han sufrido a lo largo de la historia se han basado principalmente en la intransigencia religiosa.

Dentro de la ficción que envuelve la trama de su novela hay datos históricos que ponen en tela de juicio parte de los dogmas de fe que utiliza la Iglesia católica. Explíquenos estas diferencias irreconciliables.

Para los mandeos, Juan el Bautista es su cuarto y último profeta. Fue un sabio que sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos. Dicen sus escrituras que cuando bautizó a Jesús en el Jordán, la paloma que apareció en los cielos era Ruha, una versión femenina de Satán en su cosmogonía. Para ellos, Jesús fue un falso profeta que se aprovechó de la bondad y la sabiduría de El Bautista para engañar a los hombres y confundirlos.

¿Cree usted que el hecho de que Juan el Bautista sea su último profeta, anteponiéndose a Jesús, puede ser una de las razones por las que los mandeos han sido y son, más que perseguidos, olvidados conscientemente?
Durante el siglo XVII los jesuitas portugueses llegaron a Basora (Irak) en un intento por cristianizar aquella región. Allí se encontraron con un grupo gnóstico que se bautizaba todas las semanas y que conocía a Juan el Bautista. Los llamaron los cristianos de San Juan y pretendieron que entraran en el redil de la Iglesia cristiana. Los obligaron a asistir a sus celebraciones religiosas y –aun sabiendo que los mandeos no pueden portar armas ni derramar sangre, ya que su alma vagaría eternamente sin alcanzar el Mundo de la Luz (como si un cristiano se pasara la eternidad en el Purgatorio)– los alistaron en su ejército. Aquello diezmó su población. Después de ese hecho, la Iglesia de Roma los dejó tranquilos. Al fin y al cabo, no van difundiendo que Jesús fue un mentiroso y tampoco pueden captar adeptos. De algún modo, las diferentes religiones que les han perseguido no han visto en los mandeos a unos rivales a su altura y ellos han procurado huir de allí en donde les perseguían. Cuando Sadam Hussein arremetió contra ellos, los mandeos huyeron hacia el sur del país, a las marismas, una tierra ingrata que nadie quería. Su historia ha sido siempre la huída y eso, junto a su reducido número, ha provocado que al final siempre les “olvidaran”, hasta que algún suceso encendía a la población local y los acusaban de provocarlo, como sucede ahora con la situación de Irak. Es algo parecidoa lo que ha ocurrido con los judíos en nuestra historia: perseguidos, a veces masacrados, pero siempre expulsados.

En la actualidad hay una pérdida preocupante de valores. Su novela, siendo un thriller de suspense, tiene un poso importante de misticismo. ¿Qué mensaje, cultural o religioso, aparte del reivindicativo en cuanto a los mandeos y su exclusión social, ha querido dejar usted en sus páginas?

En los mandeos he encontrado un sentimiento de pertenencia a una comunidad, sentimiento que se ha perdido en las sociedades occidentales. Nosotros buscamos desesperadamente una guía, una luz que nos indique cuál es el camino que debemos seguir. Nos hemos vuelto tan individualistas que hemos exagerado nuestro “yo” de forma desmesurada. Los mandeos limitan su “yo” para compartir en el “nosotros”. Entre ellos se apoyan, se ayudan. Ese sentimiento de pertenencia a algo más grande que a ellos mismos les refuerza para soportar las dificultades de la vida. En la novela cuento la leyenda de cómo se creó su alfabeto, que tiene mucho que ver con esta pregunta. Al igual que el resto de las leyendas mandeas, esta tiene una moraleja: aprender a apoyarnos los unos en los otros. Con la colaboración llegaremos más lejos.

Por Antonia J. Corrales

 

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