La vida después de la muerte en la Edad de Hierro
La losa pesa más de 360 kilos, es de basalto, y mide un metro de alto por medio metro de ancho. Fue hallada en Zincirli, en la Cordillera turca del Tauro, en donde se encontraba la antigua ciudad hitita de Sam’al, que se cree data de alrededor de 1190 a.C. La zona, que antes albergara la capital de un próspero reino, en la actualidad es uno de los más importantes centros de excavación arqueológica de la Edad de Hierro. En la losa aparece grabada la imagen de un hombre y una inscripción en la que se escribe la palabra “alma”. Esta inscripción reza (extracto): “Yo, Kuttamuwa, sirviente de Panamuwa, he sido el único en supervisar la producción de esta losa para mí mientras aún vivía. En esta eterna cámara dispuse… un carnero para mi alma que permanece en esta lápida…”. Según los científicos, el descubrimiento arroja luz sobre las creencias de los pobladores de la región de aquella época en la vida después de la muerte. En este caso, el fallecido creía que su alma habitaría su monumento mortuorio, en el que su propia imagen y sus últimas palabras fueron recogidas.
FUENTE: TENDENCIAS CIENTÍFICAS
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Sumario n.259


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